Desde los albores de la humanidad el ser humano ha tenido como principal objetivo acumular grasa corporal para asegurar su supervivencia. Un
abdomen voluminoso era considerado un signo de buena vida y de salud. Actualmente las modas marcan como signo de salud y belleza un
abdomen liso y bien marcado. El hombre con un abdomen en forma de tonel de cerveza es considerado casi un enfermo que necesita cura.
Hay mucha gente que no le importa lo que piensen sobre él por tener un abdomen voluminoso, son felices con su buena vida, sus cervecitas y sus tapas. Y dejan el deporte para otros “enfermos” obsesionados por su aspecto físico. Y que cojon… caramba, un servidor piensa que mientras uno se sienta bien y sea feliz es irrelevante el tamaño de su abdomen. Medio mundo vive obsesionado por su aspecto y con remordimientos por su glotonería mientras el otro medio daría gracias por tener esas preocupaciones.
Para los cerveceros vagos unos
consejos, ignorar… pasar de lo que dirán y disfrutar de cada centímetro de grasa acumulada en su inmenso abdomen gracias a cervezas, tapas e interminables sesiones deportivas en el sofá de casa o en el bar preferido.

Y para los que les puede mas la moda y su supuesto bienestar físico, y que solo piensan en lograr un abdomen liso para estas vacaciones un simple consejo, no sufrir… tratar de pasar lo menos mal posible el largo y penoso proceso de la perdida de grasa en ese inmenso y caprichoso abdomen.
Ejercicios físicos y dietas son torturas para gente acostumbrada a la buena vida con mayúsculas.
Antes de empezar una dieta y un plan de
ejercicios para reducir abdomen es cuestión de hacerse unas pocas pero fundamentales preguntas. ¿Vale la pena el sufrimiento, el esfuerzo, el tiempo empleado para conseguir un
abdomen liso?. Una vez conseguido ¿estaré dispuesto a conservar ese maravilloso abdomen privándome de placeres?
Para mí la pregunta definitiva debe ser ¿seré mas feliz después de conseguir
ponerme en forma?